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Los jóvenes y la comunicación

Jovenes comunicacion
Los jóvenes de hoy, sus códigos de comunicación, el lenguaje verbal y gestual que utilizan en sus actividades diarias, seguirá siendo tema por muchos años. Sobre todo por la preocupación constante de los padres
José A. Ciccone | |   noviembre 21, 2018 08:36

La lectura permanente es un buen ejemplo enriquecedor del vocabulario y es la mejor cátedra de estilo. Es muy difícil, casi imposible, escribir con precisión y brillantez si no se lee un buen libro con regularidad. De tal manera está aumentando el “analfabetismo literario” en una sociedad en que los jóvenes reciben, en su mayoría, la información a través de imágenes digitalizadas, inmediatas y agolpadas, a tal grado que, en un futuro inmediato, la capacidad de leer provechosamente y escribir más o menos con elegancia, puede llegar a constituir una enorme ventaja competitiva para quienes deben insertarse en el mundo del trabajo, sobre todo si aceptamos al contenido como el rey de los propósitos de comunicación.

Los jóvenes de hoy, sus códigos de comunicación, el lenguaje verbal y gestual que utilizan en sus actividades diarias, seguirá siendo tema por muchos años. Sobre todo por la preocupación constante de los padres para encontrar el camino adecuado, o las vías más positivas para comunicarse con sus hijos.

En el mundo en que vivimos hoy, donde la dinámica y la competitividad parecen prevalecer sobre cualquier otro interés, el mercado que representan los jóvenes para la mercadotecnia crece día con día y cada vez más anunciantes de diversos productos y servicios buscan conquistarlo. Es constante la actual publicidad dirigida a este segmento, desde bebidas alcohólicas, pasando por teléfonos móviles de alta gama, hasta automóviles que frenan solos aunque el conductor venga dormido.

Estas nuevas campañas tienen como target principal el perfil juvenil de ambos sexos, un blanco codiciado porque, entre otros atributos, el producto que ellos eligen tiene la venta asegurada. Son una especie de provocadores de contagios sociales, que tienen el poder de decidir el éxito o fracaso de una serie en Netflix, Amazon, o un programa de televisión. Son los que provocan con su aceptación o negativa, la aceleración de ventas de un producto o servicio, el desplazamiento del mismo o el acertado posicionamiento de una marca en una plaza menor o todo un país.

Su peso ideológico en la cultura actual, los sitúa a menudo en el centro de las discusiones. Se cuestiona que si son agresivos, irreverentes, transgresores, aventados, disruptivos, simples o ‘pelados’. Debemos notar que los códigos han cambiado, que la juventud habla un idioma diferente que rompe esquemas impensables hace unos años atrás.

En mi opinión, se puede modernizar un lenguaje y sacarlo del anquilosamiento verbal, actualizarlo o recrearlo, pero nunca deformarlo en aras de una libertad de expresión disfrazada de simplismo irrespetuoso. Alguien me comentaba que para ellos, según su entender, es más práctico y directo “hablar claro”, matizado de insultos o amenazas, “sin rodeos”.

Esta postura se me hace excesiva y fuera de todo contexto en una urbanidad bien entendida. La transgresión de normas buenas, es mala, en cambio la transgresión de cosas malas es muy buena.

Cualquier comparación actual con los tiempos idos puede resultar odiosa, sin embargo es necesario precisar que somos ‘casi’ antagónicos con lo que se vive hoy porque en los setentas, nos funcionaban mejor las utopías filosóficas que sabíamos combinar con el sacrificio, el desgaste diario, la lectura, el trabajo forzado, las metas y los sueños en nuestros estudios, que se mezclaba a menudo con la tarea de supervivencia económica y la demostración de superación, con dedicatoria a los mayores. Hoy ese tipo de propuestas comunes, en términos generales, se dan muy poco, salvo honrosas excepciones.

A la sociedad actual, algo caníbal y muy ambiciosa, la mayoría de los jóvenes les responden con un interés desmedido por el dinero, por las cosas materiales que se acaban y desgastan más rápido, les importa menos leer y el sexo dejó de ser “ese oscuro objeto del deseo”. Son más libres y aunque tienen una sexualidad más cuidadosa y activa que las generaciones anteriores, también –afortunadamente- se enamoran y buscan o encuentran su “media mitad” o su producto favorito, cuando menos se lo imaginan.

Mientras tanto, las marcas y servicios de toda índole, se pelean por ganar un espacio en la mente de este segmento juvenil, a veces intolerante, pero siempre inquieto que gusta expresarse a su manera y está perceptivo para la compra en todo momento. Dentro de esos códigos que muchos creemos conocer, pero que pocos profesionales de la comunicación o de cualquier otra actividad, dominamos a plenitud. Si no, que lo digan los padres actuales, en este menguado 2018, que buscan afanosamente formas más efectivas y concretas de comunicarse con sus jóvenes hijos, que a veces parece que nadie los comprende o los satisface a plenitud, ni siquiera las propias marcas que ellos mismos eligieron y consumen con desenfreno.


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